Fridays for Future se moviliza en Alcorisa para pedir que no haya «más promesas vacías»

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Bajo el lema ‘No más promesas vacías’, activistas de todo el mundo liderados por Fridays For Future – Juventud por el Clima, volvieron a movilizarse el viernes para denunciar la inacción de los g obiernos frente a la emergencia climática.

Consideran que este año de crisis sanitaria está teniendo consecuencia directa en la pérdida de biodiversidad, el cambio climático y de un proceso de globalización que lo ha arrasado.
Con más de 700 municipios de todo el planeta convocados y decenas en todo el territorio español, las voces de las jóvenes se volvieron a escuchar para transmitir la «rabia y el hartazgo» que siente gran parte de una generación ante la inacción política ante tantas problemáticas que exigen una acción firme e inmediata.

Los actos, en Alcorisa y Zaragoza

En Aragón este día de acción por la emergencia climática se centró en Alcorisa y Zaragoza. En la localidad bajoaragonesa se realizó un acto artístico involucrando a sus artistas para demostrar que la juventud del medio rural sigue en pie por una sociedad más justa social y climáticamente.

La reivindicación en Alcorisa se centró en que la transición energética en el medio rural debe realizarse con puestos de trabajo «sostenibles y justos» evitando los macroproyectos de infraestructuras eólicas, solares y macrogranjas que se están planteando.

El rap de Kina, MTO, Miller y Martin de Octava Rampa, la música de Carla y Leyre y la poesía de Zilia pusieron voz a un acto en el que Joaquín Macipe pintó un cuadro reivindicativo sobre la crisis climática. El objetivo fue rapear, cantar, recitar y pintar los temas de su manifiesto demostrando así que la lucha por la justicia climática también se puede abordar desde una perspectiva creativa. El acto se celebró a las 17.00 en el frontón municipal cumpliendo con todas las medidas de seguridad.

«La crisis climática no va solo de osos polares y glaciares derritiéndose. Va de personas sufriendo en su día a día, sobre todo aquellas más vulnerables, oprimidas y pobres. Esto va de derechos humanos y de evitar que cada vez haya más pandemias. Nos preocupamos, nos manifestamos, porque esto va de nuestras propias vidas», afirmó el manifiesto que se leyó en el acto.

Joaquín Macipe, artista y cronista comprometido

EncontrARTE. Desde Ariño, donde tiene su casa y su taller, desarrolla su vida personal y profesional como escultor, pintor, dibujante, profesor e incluso músico

Sin presiones, poco a poco y disfrutando. Así se está tomando el proceso que ha iniciado, esta vez, en torno a la pintura. Joaquín Macipe (Ariño, 1975) está inmerso en una serie de más de una treintena de cuadros de formato grande y en óleo en blanco y negro. «Llevo un par de años y me quedará para cinco o seis», calcula. «No tengo ninguna prisa, lo que me interesa de verdad del arte es el camino, todo el proceso creativo», añade. En procesos a largo plazo es difícil vaticinar el final. Va cambiando a la par que el propio artista y su forma de pintar y entender el proyecto.

Para Macipe el confinamiento ha sido muy intenso en su trabajo de docente. «El tiempo se lo dediqué a los alumnos y es que no se pueden exigir unos horarios porque cada casa es un mundo. Lo que me quedaba era para mis hijos», añade. Como el tiempo para crear no ha existido ahora en el reposo estival lo ha tomado con ganas pendiente de lo que pueda pasar a partir de septiembre en un sector como el de la Educación donde, de momento, sólo tienen incertidumbre. «No sé si se ha reconocido la valía del profesorado en esta pandemia. Se ha trabajado y luchado mucho, se ha cambiado el sistema en 24 horas y quizá el resultado es un poco agridulce… ingrato», reflexiona. Imparte clase desde hace 15 años en el IES Damián Forment de Alcorisa a chicos y chicas de 12 a 17 años. «Son fantásticos, en esta edad tienen cosas muy buenas y no llevo bien que se les demonice ahora. Porque uno no lleve la mascarilla, no es justo generalizar», defiende.

«Pintar es como respirar»

Esta plaza en el instituto es lo que le trajo a Ariño porque, aunque siempre ha hecho gala de su pueblo -como su hermano, el cineasta Javier Macipe– nació en Zaragoza. Estudió Bellas Artes en Valencia y en cuanto logró su puesto en Alcorisa, se arregló la casa de los abuelos y se instaló en su pueblo, el mismo en el que le picó el gusanillo artístico. «Mi abuelo materno pintaba y a mi padre también le gustaba. Era amigo de Manuel Blesa y siempre he estado rodeado de pinceles», cuenta Joaquín, que siempre se recuerda a sí mismo dibujando. Es casi como un mecanismo de concentración hacer «dibujitos» en cualquier momento en el que cae entre sus manos papel y boli. «Para mí, era una fantasía vivir de continuo en Ariño y lo tuve clarísimo», asegura.

«A veces creo que cometemos el error de transmitir que vivir en el pueblo es un esfuerzo y no es así, simplemente se trata de asumir de que hay más modelos de vida aparte del de la ciudad», reflexiona y añade: «Yo he encontrado más oportunidades laborales aquí que las que hubiera tenido en la ciudad».

Toma el testigo en EncontrARTE de Roberto Morote, diseñador y también defensor de la vida en el medio rural. Joaquín tiene un amplio currículo de exposiciones y de certámenes en el territorio. Cada quince días, en La COMARCA se encarga de ilustrar La Tira. «¿Esto en una ciudad? Complicado», opina. A través de estas crónicas dibujadas retrata la actualidad y nunca deja a nadie indiferente. En una de las últimas, el protagonista era un profesor en la playa ahogado en sus pensamientos de la incertidumbre del inicio de curso. Esta crítica ha dado la vuelta a las redes sociales.

Es inquieto y vive y contribuye con su entorno participando en las iniciativas que se proponen, tanto desde su faceta artística como desde la docente removiendo inquietudes entre su alumnado. Conocido es su trabajo de dibujante pero también el de escultor, una disciplina a la que ha dedicado unos cuantos años. Es uno de los nombres ligados al alabastro desde hace tiempo con su participación en los Simposios de Albalate donde también se ha llevado sus reconocimientos. «Lo trabajé en la carrera con el escultor valenciano Vicente Ortí y aluciné», sonríe. Destaca la forma única que posee el alabastro de jugar con la luz y la humildad que se requiere al artista para enfrentarse a él «porque sabes no lo vas a doblegar». Y es que no es sencillo porque además, es rencoroso. «Un mal golpe te puede salir al tiempo», apunta. «Me encanta y toneladas, no, pero cientos de kilos igual sí tengo esperando», ríe.

Aparcó la escultura por la pintura en la última Bienal de Arte de Crivillén de la Comarca de Andorra Sierra de Arcos cuando presentó un cuadro en blanco y negro. «Me gustó y decidí seguir y comencé la serie que llevo ahora entre manos», señala. Al contrario que la escultura que requiere de sesiones largas de trabajo en el taller, la pintura permite pequeños disfrutes diarios. «Pintar es esencial para mí, es como respirar», concluye.

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Los rincones de la Puebla de Híjar, inspiración de los artistas del pincel

La Puebla de Híjar se ha convertido este sábado en toda una inspiración para los artistas. Se ha celebrado la cuarta edición del Concurso de Pintura Rápida con la participación de 18 personas. Organizado por la empresa Maprocosa y el Ayuntamiento poblano, ofrece después la posibilidad a los artistas de vender sus obras ya que se exponen durante las fiestas para que todos los vecinos las puedan ver de cerca.

Los artistas han comenzado a las 9.00 y tenían cinco horas, hasta las 14.00 para terminar su obra en el lugar que ellos escogieran. Después ha tenido lugar una comida y al finalizar, la entrega de premios.

Han participado artistas de todo el país y también de la zona. El primer premio se ha entregado a José María Moreno Tortajada de Zaragoza, quien ha retratado la zona del arco de San Roque. En segundo lugar ha quedado José Antonio Campos Martín de Valencia; y el tercero, Joaquín Macipe Costa de Ariño.

En cuanto a los jóvenes, los tres premios se han quedado en la zona. La primera es Carlota Blanco Deza de Urrea; la segunda Laura Rodríguez Alcañiz de La Puebla; y el tercero, Álex Dudea Calvo de La Puebla.

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El centro de la Memoria Minera de Ariño relanza su patrimonio

El turismo se ha convertido en una de las principales bazas de Ariño para hacer frente al final del carbón y la destrucción de empleo que conlleva. La buena marcha del balneario -que cerró la temporada en diciembre superando las 26.000 pernoctaciones en 2019-, de la subsede de Dinópolis, Valcaria, y del cada vez más visitado Centro de Interpretación de Arte Rupestre del Río Martín han posicionado a la localidad como un enclave de relevancia dentro del sector turístico de la provincia.

A estos atractivos se está sumando en los últimos años el centro para la Memoria Minera, un espacio que muestra el patrimonio industrial de la localidad. Está ubicado en el antiguo economato de Samca y es, precisamente, propiedad de la empresa minera, aunque son los voluntarios de la asociación Pozo Corral Negro -formada por mineros prejubilados y jubilados- quienes trabajan allí de forma voluntaria. En el espacio se pueden ver materiales de trabajo, del propio economato y de la antigua escuela. «Hay muchos materiales antiguos como el pico, el hacha, los pocos medios de seguridad que había entonces… que hemos ido recopilando conforme se han ido cerrando los tajos», explica el presidente de la asociación, Pedro Alcaine. Además, en lo que eran los almacenes, hay una sala de proyecciones ambientada en una galería.

En el último año, coincidiendo con el centenario de la actividad minera de la empresa Samca y también con el cierre de las minas, se ha habilitado una galería a escala real en la que se han instalado equipos de ventilación, de seguridad y de comunicación recuperados de los tajos cerrados así como el transportador y la máquina ‘Peca’, que extrae el carbón. «Está muy bien porque parece que entras en una mina real. Hasta cuenta con los cuadros metálicos que se han aprovechado de las últimas explotaciones», apunta el alcalde de Ariño, Joaquín Noé, que resalta que uno de los atractivos de este centro es que la visita guiada la realizan los propios voluntarios «que conocen el trabajo al dedillo y enriquecen las visitas con anécdotas y experiencias reales». «Merece muchísimo la pena y todo el que entra se queda muy sorprendido», añade Noé. También este año se ha estrenado un mural en la propia fachada del economato elaborado por el artista local Joaquín Macipe.

Para visitar este centro, se pueden concertar visitas guiadas en cualquier horario. Es lo que hace el balneario de Ariño cuando tiene grupos de turistas interesados en conocer el patrimonio industrial de la localidad. Además, también las visitas guiadas del pueblo, que se organizan desde el Centro de Arte Rupestre, incluyen este espacio. «Un grupo de cuatro personas se turna para enseñarlo. Las visitas duran mucho porque la gente no para de preguntar», explica Alcaine, que añade que también es muy interesante para los vecinos de la zona. «Una de las cosas que más atención merece son los libros de nóminas de 1942 y 1944. Los visitantes de la zona buscan a sus abuelos, a sus tíos… Para ver cuánto ganaban en aquéllos tiempos, si firmaban con el dedo o no… Es muy curioso», concluye.

(periódico «La Comarca», 22/02/2020)

Dos dulzaineros ponen la cara a los nuevos gigantes de Alcorisa

Wences y Zuquerero son los nombres de los dos nuevos gigantes que se han incorporado a la comparsa de Alcorisa. Ayer, en el marco de IV Encuentro de Gigantes que acogió el municipio como antesala a sus fiestas patronales, fueron bautizados en un emotivo acto en el que se rindió homenaje a los dos alcorisanos que han inspirado a estos nuevos personajes: Wenceslao Bellés, que todavía desfila con el grupo de dulzaineros, y José Martín ‘el Zuquerero’, ya fallecido.

Los dos han sido responsables de mantener esta durante más de 50 años y, por ello, los miembros de la comparsa decidieron hace dos años devolverles su compromiso e implicación con uno de los mejores «regalos» que ellos pudieran esperar. Las figuras han sido obra de los artistas bajoaragoneses Joaquín Macipe Costa y Manolo Cirugeda y los trajes fueron confeccionados por la Asociación de Amas de Casa.

Las dos nuevas figuras tuvieron dos padrinos de excepción: Agustina de Aragón y el general José Palafox, gigantes de la comparsa de Zaragoza, que fueron invitados al encuentro. Además de los zaragozanos, acudieron a la cita las comparsas de Alcora (Castellón), Belchite y La Almunia de Doña Godina. Decenas de alcorisanos no quisieron perderse la ceremonia bautismal y acudieron a la plaza de las Escuelas antes de las siete de la tarde. Los Dulzaineros de Alcorisa tocaron para Wences y Zuquerero, lo que quedará en el recuerdo de todos los vecinos como «su primer baile». La cita concluyó con un pasacalles por el casco histórico de Alcorisa en el que participaron todas las comparsas.

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El poeta de Ariño Salvador Peguero edita su segundo libro, «Miradas y sensaciones»

Amor, desamor, preguntas sin respuesta, respuestas que nadie ha pedido, deseos frustados, largas esperas y soledad, a veces buscada y siempre encontrada. Son los temas que se recrean en Miradas y sensaciones, segundo poemario publicado por Salvador Peguero, que fue presentado la pasada semana en el Ayuntamiento de Ariño, localidad del autor. 

Se trata del segundo libro de Peguero, tras Tempus Vitae, y el tercero de la serie sobre poesía que edita el Centro de Estudios Locales de Andorra (Celan), después de Las cuatro estaciones y un soneto a modo de prólogo (2007), de Albino Cañada, y Voces en el silencio (2015) de Mariano Martínez Luque. 

El libro está formado por 29 poemas escritos en Ariño, localidad natal de Peguero, entre 2012 y 2017, la mayor parte de ellos de verso libre, e ilustrados por el artista Joaquín Macipe.

Al contrario que Tempus Vitae, cuyo planteamiento era mucho más general y heterodoxo, Miradas y sensaciones se estructura en torno a un hilo conductor que tiene que ver con “el concepto de ella teórico, que a veces es ella, la amada, pero otras veces no”, según el autor.

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Letra, voz e ilustraciones para el ‘Tempus Vitae’ del poeta Salvador Peguero

Todo empezó como un proyecto pequeño, casi casero, que fue creciendo hasta convertirse en algo que ninguno de sus particpantes esperaba.

Todo empezó como un proyecto pequeño, casi casero, que fue creciendo hasta convertirse en algo que ninguno de sus particpantes esperaba. El poemario de Salvador Peguero, convertido en exposición, se puede ver en la sala Patio de la Casa de la Cultura de Andorra hasta el 26 de septiembre, después de recorrer buena parte de los pueblos de la provincia.

La idea surgió hace casi un año, cuando Peguero pensó en publicar un libro de poemas con algunos de los versos escritos durante los tres años anteriores. «De entre 92 hice una selección de 28 y lo llamé Cuatro veces siete», recuerda. Su idea era autoeditar unos cuantos ejemplares para regalarlos a familiares y amigos como recuerdo.

Pero pronto su idea modesta fue creciendo. «Un amigo que había musicado algunos poemas míos quiso estar en el trabajo». Así, los 28 se convirtieron en 30 y un cedé en el que el grupo Entre Carencias interpretan algunos de ellos.

Para hacer un poco más especial la obra, Peguero pidió a algunos amigos que hicieran una ilustración cada uno. Así, Noemí Calvo, Joaquín Macipe, José María y María Peguero entraron también en el proyecto. «Nos pareció una idea muy buena y somos todos muy allegados a Salva», explica José María Peguero. No solo aceptaron encantados, sino que subieron la apuesta. «Les entusiasmó tanto el proyecto que quisieron ilustrar todos los poemas», asegura Salvador.

Cada ilustrador realizó entre 6 y ocho dibujos, a veces elegidos por azar y otras por sus preferencias personales. «El único que exigí fue el del minero», indica Joaquín Macipe. Como vecino de Ariño, conoce la vida de los mineros y sus protestas contra los cierres. «Desde fuera impresiona su unidad. Intentas coger su mirada dura del que para ocho horas al día jugándose la vida», señala.

De la fuerza dramática de esta ilustración se pasa a los trazos naif, los collages, la fotografía… Técnicas y estilos varían a cada página o, también a cada paso. Solo el formato cuadrado unifica a todas las obras, que saltaron del cuadernillo a la pared en una nueva ampliación del proyecto.

Tan entusiasmados estaban todos con la idea, que pensaron que merecía una exposición en la que se pudieran ver las ilustraciones originales. «Se nos ocurrió en las reuniones que hacíamos para coordinar el libro», rememora Salvador Peguero. Su primera ubicación sería Ariño, donde se presentó el libro el pasado mes de abril.

Pero todavía quedaba un detalle más. Les pareció que los versos, además de oidos, debían ser escuchados. Ya quedaba poco para la inauguración, así que hubo que echar mano de familiares, amigos, antiguos alumnos… para que participasen prestando por un rato sus cuerdas vocales. Para que se escuchen mejor, otro amigo de Salvador pensó en realizar códigos QR para que los visitantes pudieran elegir los pasajes y oirlos a través de su móvil.

En total, 21 personas han participado en esta idea, que tuvo tanto éxito en Ariño que ha estado recorriendo la comarca, hasta llegar a Andorra. y a la que todavía le quedan algunas localidades por visitar, como Alacón. «Tengo una gran satisfacción, porque estoy disfrutando plenamente y son una gente maravillosa y encantadora», subraya Salvador Peguero.

Ariño, protagonista

Visto más de cerca, la exposición (y el libro) cuenta con 30 poemas de temática muy variada. «He buscado que hubiera de todo: de tema amoroso, personales, con un toque erótico….». Sin embargo, lo que predomina es la localidad de Ariño como hilo conductor. Salvador Peguero estuvo muchos años viviendo en Barcelona, pero se jubiló en este municipio turolense. Muchos de los poemas destilan el «paisaje y paisanaje» del pueblo que «lleva muy enraizado», según reconoce Macipe. Por ejemplo, en uno de ellos recuerda su vida de niño en Ariño y la herrería de su abuelo.

Si los temas son variados, también sus influencias, que van de clásicos como Jorge Manrique, quien le enganchó a la poesía en su juventud, a contemporáneos como Ángel Guinda, el hispano-uruguayo Fernando Aínsa.

Las ilustraciones se basan en cada poema, buscando su esencia, algo que según su autor, está conseguido. «Se sorprendía de que los hubiéramos interpretado como el los había pensado», recuerda Macipe. Cada ilustrador mantuvo su estilo o experimentó con otros menos utilizados para dar mayor variedad a la obra y reflejar su sentido.

Ahora, libro digital

No solo la exposición está siendo un éxito, sino que el libro también ha tenido una gran recepción. Del puñado de ejemplares, hubo que pasar a los 400, 75 de ellos artesanales para colaboradores, amigos y familiares. «La venta va bastante bien, quedan unos 60 o 70», indica.

Sin embargo, no se plantea una reedición. «Los hemos vendido a precio de coste, porque no tenemos intención de sacar dinero». El problema es que así alguien se podría quedar sin un ejemplar, para lo que ya tienen una solución: cuando se acaben los ejemplares, lo subirán a internet para que esté a disposición de todo el mundo, aunque sea a través de una pantalla de ordenador. Una nueva vida para un proyecto que ha evolucionado mil veces.

(Noticia «Diario de Teruel» 08/09/2015)